



Los monetes me acompañan
Nací en la jungla un día de primavera, en el suelo con hojas de banano, y ellos me adoptaron.
Crecí sin la presión de las leyes, tan solo con la ley de la vida.
Aprendiendo que si comes mucho y con mucha ansia plátanos, la barriga te duele, que si juegas con los tigres, estos arañan y que si duermes cerca de un hormiguero las hormigas te pican.
Pero solo la experiencia te enseña.
Mis monos y yo, crecimos guerreando los unos contra los otros, mi condición física me dejaba siempre en menor posición, pero yo tenía ante ellos el don de la picardía y la estrategia.
Con los años mis hermanos monos y yo crecimos pasando del juego a la crudeza a la realidad, éramos un clan inquebrantable, y claramente yo lo lideraba.
Nos movía el amor de los unos a los otros, nuestras envidias, nuestras peleas por el territorio, por la comida, pero nada que no fuera hacer que los lazos que nos unían se hicieran más fuertes.
No dudábamos en mordernos y pellizcarnos por algún objeto valioso, o por un mango maduro, como echo de menos esa conducta animal.
Éramos el ejército del desastre, ruidosos, maleducados, irritables y odiosos.
Nos encantaba dormir al sol durante horas, maquinar travesuras, reírnos de lo políticamente correcto y saltar por las ramas, vivíamos para el placer.
Pero solo el alma negra de lo humano puede romper todo esto, corromper lo hermoso de lo caótico, razonalizar lo irracional, quemar los sentimientos insanos para proclamarse representante de la absoluta nada.
Entonces nos humanizamos, importándonos el ir bien vestidos, hablar sin gritar, a no sacarse los mocos en público, a comer con la boca cerrada, a dejar pasar a los demás antes que nosotros, incluso aprendimos a mentir.
Pero todo esto lo empezamos a llevar muy mal, uno de mis monos tenía un genio desmesurado y a la mínima nos llamaban de comisaría porque había abofeteado en el mejor de los casos a algún impertinente.
Otro no podía dejar de quedarse desnudo en medio de cualquier parte, otros trepaban por las farolas, robaban por pura avaricia en las fruterías e incluso se meaban en medio de la calle.
Un día, en un momento de reunión, me miraron con los ojos vidriosos y me pidieron de volver a nuestro hogar, querían volver a ser ellos mismo, a no ser unos delincuentes por no entender la trama social impuesta, querían ser libres otra vez y disfrutar de sus instintos sin pedir perdón.
Yo me negué en el acto!, Yo disfrutaba de las apariencias, del dinero, del poder corrupto, de la manipulación, de la ambición, de las personas en sí y de las mentiras.
Entonces mis monos me abandonaron.
Nunca más los volví a ver, se desvanecieron para siempre.
Durante un tiempo, no los eché de menos, era feliz en mi nuevo mundo lleno de cosas que descubrir, cada día era algo diferente, un sin parar de información y sentimientos extraños, casi artificiales.
Pero esa sensación de plenitud abstracta, empezó a dispersarse, y de nuevo dejó ver mi verdadero mundo, estaba allí, justo detrás de la niebla, sé que mis monos estaban allí, que me esperaban al otro lado, pero ya era demasiado tarde, jamás podría traspasar esa niebla letal que me atrapaba en la espiral de lo absurdo.
Y entristecí, lloré y grité y volví a dejar salir de la forma más oscura mi instinto, YO era un mono como ellos, a que estaba jugando? Porqué quería perder tan maravillosa postura?, porque quería matar mi instinto?
Condenada por traicionar a los míos, a mi misma.
Pasado el tiempo, maduras, ves que es inútil luchar para pasar esa barrera, aceptas que está ahí, aceptas lo que eras y aceptas en lo que te has convertido, y moldeas tu ser para convertirte en un hibrido extrañamente fuerte.
A mis monos, los llevo ahora dentro, en el espíritu, por fuera la coraza de la lucha, de carbonita 2.0.
Preparada para batallar contra lo que sea, ya que en el nuevo mundo, cualquier cosa es posible.
Y ahora me saco un moco con cara de boba mirando a la esquina, me rasco la cabeza y pienso:
TENGO HAMBRE.
aburrimiento y photoshop.
Yo no se hacer casi otra cosa en el mundo, que dibujar para vivir.